jueves, 15 de febrero de 2018

Los Movimientos Sociales actuales de América

Los movimientos sociales

Cuando hablamos de movimientos sociales, nos referimos a las agrupaciones informales de individuos u organizaciones que buscan cambiar una realidad social que consideran injusta. No son un fenómeno reciente; a lo largo de la historia lograron transformar leyes y estados. Pero, atendiendo el momento en que surgen, se los clasifica en clásicos y no clásicos.

Movimientos sociales clásicos

* El movimiento obrero

* El movimiento campesino

* El movimiento empresarial

* El movimiento estudiantil

Movimientos sociales no clásicos

* El movimiento pacifista

* El movimiento de la no violencia

* El movimiento ecologista

* El movimiento antimilitarista

* El movimiento objetor de conciencia

* El movimiento feminista

* El movimiento fundamentalista

* El movimiento antidemocrático

Aparición del movimiento social

A más de corresponder a demandas locales muy profundas, estancamiento económico, saturación del modelo clientelar y de los partidos tradicionales, el fenómeno Lugo también podría representar una línea de participación del movimiento social en América Latina, con características muy propias en nuestro país. El hombre no sale de las organizaciones ni apuntado por estas, sino de la Iglesia, en una sociedad encarecida de frentes de lucha que acumule fuerza, referencia y construya liderazgos de amplio consenso. Pero el movimiento social, con demandas no satisfechas por el sistema de partidos (tierras, viviendas, salud, trabajo), en América Latina ha irrumpido como importante actor político, según el análisis de varios observadores, entre los que se destaca el analista uruguayo Raúl Zibechi.
En Brasil, el expresidente, Ignacio Lula Da Silva, ganó escenario al frente de las luchas obreras y desde la conformación de una poderosa central, la CUT. El Movimiento Sin Tierra, el más grande de América, le ha respaldado con condiciones, en las cuatro elecciones a las que se presentara. En Bolivia, un dirigente indígena y sindical, que fuera diputado por ese frente período anterior, llegó a la presidencia, a la cresta de una intermitente movilización social por la recuperación de la soberanía en los contratos de hidrocarburos.

En Ecuador, los sectores sociales organizados también fueron decisivos a la hora de apuntalar al expresidente, Rafael Correa, aunque este cayera al escenario político como un outsider (fuera de sistema), como lo llaman a este tipo de líderes de aparición mediática fuerte y de encastre con la sociedad rápida. Otro outsider fue considerado al expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, que ha logrado articular mayorías entre los excluidos del anterior orden económico venezolano, rompiendo igualmente unos 50 años de bipartidismo en la administración del Estado y su sucesor el actual presidente Nicolás Maduro se mantiene en la misma línea y el país está envuelto en movimientos sociales manifestándose a favor y en contra del régimen actual del país. En sociedades cuyos movimientos sociales presentan mucha fragmentación, como la nuestra, con grandes dificultades de construir liderazgos de consenso, el escenario parece propicio para este tipo de líderes tipo Lugo, de aparición repentina. Pero una línea coincidente en todas estas manifestaciones es la incapacidad de los sistemas de partidos tradicionales de responder complejas demandas sociales, como la falta de tierra, de educación pública de calidad, de salud, vivienda, demandas que aparecen muy emparentadas con las grandes migraciones del campo a la ciudad, según coinciden varios estudios sociales. Este fenómeno, que en Paraguay se profundizará a partir de los 80 (se recordará que en los 90 irrumpen el escenario los sin techos y los campesinos sin tierra como poderosos actores sociales) genera nuevas demandas que el orden anterior no puede satisfacer, sino que va sorteando como puede, porque generalmente es responsable, junto con el orden económico impuesto, de esas nuevas condiciones.
Los llamados movimientos sociales son la principal forma de participación ciudadana.
Gran parte de los derechos que hoy disfrutamos son el logro de los movimientos sociales: las agrupaciones de los ciudadanos organizados que hicieron frente a las injusticias sociales como la esclavitud, la explotación laboral, la insalubridad, el racismo, el armamentismo y o tras formas de discriminación y denigración. El objetivo de estas luchas es la reivindicación social y la transformación de situaciones de inconformidad; las manifestaciones pueden inclusive modificar leyes y estados.

Movimientos sociales y regímenes progresistas en américa latina: revoluciones mundiales y desarrollo semiperiférico
El proceso de la “marea rosa” en América Latina ha presenciado el surgimiento de regímenes populistas e izquierdistas en la mayoría de los países latinoamericanos desde fines de los 90. Este artículo sitúa los movimientos sociales contrahegemónicos y los regímenes progresistas dentro de la evolución a largo plazo de la gobernanza global y el capitalismo global. En un esfuerzo por investigar por qué es que, en la historia reciente, varias administraciones en América Latina (en relación a otras regiones del mundo) desafían el modelo de desarrollo neoliberal, examinamos la estratificación de los países latinoamericanos con respecto al sistema-mundo general, como un factor estructural potencial que puede haber contribuido a la marea rosa. Si bien cada país latinoamericano tiene su propia y única historia, las características comunes a toda la región más importantes son las rebeliones indígenas, las revueltas de los esclavos, las luchas anticoloniales por la independencia, luchas y guerras concomitantes entre autoritarismo y democracia, la mercantilización de los recursos naturales, intereses comerciales competitivos, intervención extranjera (a menudo a instancias de las corporaciones con sede en el Norte Global) y oleadas populares de izquierdas. En otras palabras, América Latina ha sido un campo de batalla del conflicto de clases –mundial e interno– desde 1492 (Galeano, 1987).

Movimientos y protestas arraigados en los conflictos de clase: campesinos sin tierra, trabajadores, consumidores y deudores un movimiento masivo arraigado en la desposesión de tierras: el ejemplo del MST de Brasil.
El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (Movimento dos Trabalhadores Rurais sem Terra, MST) de Brasil, llegó a ser el movimiento social más grande y más activo en toda América Latina a finales del siglo XX. Se formó en 1984, en un país que ostentaba uno de los sistemas de tenencia de la tierra más inequitativos del planeta: la mala distribución de tierras en Brasil, no hace mucho tiempo, genero un coeficiente Gini de desigualdad que alcanzó 0.843, en una escala de 0 a 1 (Ondetti, 2004, 2008: 60). En la región Amazónica, una sola empresa controla tierras cuya extensión es equiparable a la de Suiza (Ross, 2000: 488, Tabla 2, primera entrada). Ante tales desigualdades, el MST comenzó sus procesos de movilización hace 30 años, con la demanda de tierras sobre todo en sus campañas. De su repertorio, el elemento más común del movimiento ha sido la invasión de tierras, seguida por las demandas al Estado para que, a continuación, conceda los derechos de propiedad; pero también ha empleado bloqueos de carreteras, ha organizado manifestaciones multitudinarias y marchas, ha resguardado asentamientos comunitarios, ha establecido una fuerte presencia en Internet e, incluso, colocado a sus propios cuadros en puestos clave en las organizaciones estatales. En 2009, se informó que el movimiento había iniciado 230 mil ocupaciones de tierra y había formado 1.200 asentamientos de reforma agraria, tenía organizaciones activas en 23 de los 26 estados de Brasil y había ayudado a más de 146 mil familias a acceder a 5 millones de hectáreas de tierra (Vanden, 2007; Ondetti, 2008; Hammond, 2013).4 Tanto por su duración como por su nivel de actividad, el MST se ha convertido en el movimiento social más importante de América Latina.
La clase obrera y las protestas laborales
Cualquier análisis del ascenso y declive de las huelgas, herramienta clásica de los movimientos obreros, debe ser sintética y unir múltiples herramientas teóricas. Por supuesto, las cuestiones centrales son los reclamos materiales de los propios trabajadores, anclados en los niveles de remuneración y beneficios, condiciones de trabajo y seguridad en el empleo. Además, son centrales las estructuras de oportunidad política (Tarrow, 1989, 1998) en el nivel de la política nacional, que permiten (por ejemplo, aperturas democráticas) u obstruyen (por ejemplo, la represión política de la actividad de huelga) las oportunidades de participar en protestas públicas y colectivas. Por otra parte, la naturaleza de las economías políticas internacionales ha cambiado a lo largo de las décadas, de forma tal que cambiaron los costos potenciales que podrían soportar los trabajadores que consideran los beneficios potenciales de recurrir a las huelgas.
En Brasil, cuando la sociedad volvió a la democracia en los años 80, el nivel de actividad de huelga ascendió a uno de los más altos que se hayan observado en cualquier lugar de la tierra (Noronha et al., 1998). Sin embargo, allí y en otros lugares de América Latina los modelos globales de la actividad de huelga en general han descendido en los años siguientes, como ha documentado Susan Eckstein (2002). Ella también ha analizado esos cambios desde el punto de vista de la economía política y sostiene que la globalización y la (re)instalación cada vez más fluida de las fabricas en casi todos los lugares el mundo han aumentado agudamente el riesgo para los trabajadores que intentan utilizar el mecanismo de la huelga para lograr mejores convenios con las grandes corporaciones: este tipo de empresas puede cambiar las operaciones a emplazamientos de menor costo mucho más fácilmente que en el pasado. Este patrón a menudo se denomina “carrera hacia el fondo”: mientras que en décadas anteriores podría haber favorecido la creación de maquiladoras en México, en un pasado más reciente el trabajo fabril ha sido trasplantado cada vez más a lugares con salarios súper bajos, como Bangladesh. Eckstein también sostiene que, para el caso de Brasil (inter alia), los gobiernos –incluso los elegidos democráticamente– a menudo se han alineado con las corporaciones extranjeras respecto de la mano de obra y de la aplicación de políticas económicas nacionales, debido a que no quieren perder la inversión extranjera, las divisas o las fuentes foráneas de crecimiento del empleo.
La lucha por la justicia ambiental es otro tema importante en las reuniones del FSM y, con frecuencia, está vinculada a la resistencia contra el neoliberalismo. Por ejemplo, la reunión del FSM 2006 en Caracas, Venezuela, se centró en varios temas, incluyendo la “deuda ecológica [...] y la lucha por la preservación de los recursos naturales, o más apropiadamente, los recursos globales comunes” (Pallister, 2006: 270). La “‘naturaleza flexible del Foro’ ofrece un espacio comunicativo para que las personas compartan sus experiencias” (Kaneshiro et al., 2011: 201), permitiéndoles participar y unirse a diversas clases de activistas y organizaciones ambientales. Por ejemplo, en el Foro 2005 en Brasil, un taller centrado en la “Naturaleza en venta” reunió a diferentes grupos como: “Sobrevivencia, una organización colectiva paraguaya que se ocupa de numerosos problemas ambientales como los derechos de agua, la sostenibilidad ecológica y la biodiversidad; Amigos de la Tierra Internacional, una gran ONG estadounidense; World Rainforest Movement, un grupo conservacionista con sede en Uruguay y Gran Bretaña; e incluso la Central Unica dos Trabalhadores (CUT), la confederación de sindicatos de trabajadores más poderosa de Brasil” (Kaneshiro et al., 2011: 201).
Ambientalismo y oposición popular al neoliberalismo   
El FSM ha contribuido a construir coaliciones entre naciones y movimientos contra el neoliberalismo. Como en otros lugares del mundo, los activistas latinoamericanos criticaron el neoliberalismo por servir a los intereses de las clases altas y las empresas transnacionales y por antidemocrático.
Los movimientos indígenas y de mujeres
El proceso del foro social ofrece un nuevo espacio para el activismo feminista y la construcción de coaliciones. La presencia feminista en el FSM ha influido significativamente en la crítica de los participantes a la economía global actual y en las perspectivas de formas alternativas de globalización. En el llamado de Porto Alegre de 2001 se incluyó un mensaje que decía “la globalización refuerza el sistema patriarcal y sexista”, y sostuvo que la igualdad entre mujeres y hombres debe ser un elemento central de la lucha de activistas por una mejor alternativa.


Fuentes consultadas:

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